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Reconocer a Jesús en todo
01/07/2026
Evangelio: Mt 8,28-34
En aquel tiempo, cuando Jesús desembarcó en la otra orilla del lago, en tierra de los gadarenos, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y fueron a su encuentro. Eran tan feroces, que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. Los endemoniados le gritaron a Jesús: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Acaso has venido hasta aquí para atormentarnos antes del tiempo señalado?”. No lejos de ahí había una numerosa piara de cerdos que estaban comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús: “Si vienes a echarnos fuera, mándanos entrar en esos cerdos”. Él les respondió: “Está bien”. Entonces los demonios salieron de los hombres, se metieron en los cerdos y toda la piara se precipitó en el lago por un despeñadero y los cerdos se ahogaron.
Los que cuidaban los cerdos huyeron hacia la ciudad a dar parte de todos aquellos acontecimientos y de lo sucedido a los endemoniados. Entonces salió toda la gente de la ciudad al encuentro de Jesús, y al verlo, le suplicaron que se fuera de su territorio. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Señor, me pongo en tu presencia, sé que en estos momentos me estás escuchando, me ves y conoces todo lo que hay en mi corazón. Tú conoces mis inquietudes, mis preocupaciones, mis anhelos y mis sueños. Pongo todo en tus manos Señor. Soy tuyo. Me abandono en ti, Padre bueno.
Petición:
Jesús, dame la gracia de amarte a través de todos los pequeños y grandes acontecimientos de mi vida.
Meditación:
El Evangelio nos dice que la gente de la ciudad salió al encuentro de Jesús y le suplicó que se fuera de su territorio. Le pidieron al Señor algo muy triste: le dijeron que se marchara. Esto nos enseña que Jesús necesita que le demos nuestro permiso para estar presente en nuestra alma. Jesús pide nuestra correspondencia para poder obrar milagros en nosotros. No basta una permisión pasiva y despreocupada para que Él realice su acción santificadora en nuestras almas. Se requiere el esfuerzo consciente y constante, el trabajo y la cooperación sin límite ni reserva alguna para que Él nos transforme. La gran tragedia de las gentes de los gadarenos fue el no aceptar al Señor. Que no nos pase la misma desgracia. Jesús nos visita todos los días, se acerca a la tierra de nuestro corazón en los sacramentos con todo su poder, con toda su misericordia, con todo su amor, dispuesto a curarnos. Estemos atentos, porque hay muchas formas sutiles de alejar a Jesús de nosotros: comodidad, malos hábitos, inconstancia, etc.
Reflexión apostólica:
Compartir con los demás los talentos y los bienes que poseemos es un gesto de generosidad; pero compartir los bienes espirituales, acercar a otra persona a Dios, comunicar la fe en Cristo, es el tesoro más grande que podemos ofrecer a los demás.
Propósito:
Crecer hoy en un buen hábito o virtud para agradar más al Señor.
Diálogo con Cristo:
Señor, no dejes que mi fe y mi amor a ti me dejen indiferente. Dame la fuerza para salir de mí mismo, para trabajar sin descanso para que muchos otros te conozcan, para llevar la luz de tu evangelio a todos los rincones de la sociedad. El hombre tiene necesidad de ti, ¡nosotros tenemos necesidad de ti! Concédenos a todos los católicos ser apóstoles santos y entregados para trabajar por el bien de todos los hombres y extender tu Reino.
«Jesús es el único que nunca falta, que nunca se aleja, ni por las circunstancias, ni por el tiempo, ni por las distancias»