Evangelio del 3 de Septiembre de 2026: Amar y predicar a Cristo

Lc 5,1-11

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Amar y predicar a Cristo
03/09/2026

Evangelio: Lc 5,1-11
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la Palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!”. Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.  Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración introductoria:
Señor, al comenzar esta meditación me dan deseos de decirte como Simón Pedro: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Sin embargo, Tú te acercas a mí, me levantas y me animas a no temer. Dame la fuerza para desprenderme de la barca de mis cosas, de mis proyectos y de mi yo, para dejarlo todo y seguirte.

Petición:
Jesús, ¡hazme un pescador de hombres!

Meditación:
El Evangelio nos refiere que Pedro fue uno de los primeros discípulos de Cristo, que fue llamado a orillas del lago de Galilea para ser pescador de hombres. Pedro, de personalidad impulsiva y fuerte, fue generoso. Creyó en el llamado del Señor y, a pesar de ser consciente de su indignidad, dio un sí resuelto, convirtiéndose en apóstol. Su respuesta fue fruto del impacto del amor de Dios en su corazón, fue la reacción natural al encuentro con la persona de Cristo. El cristocentrismo de su vida fue una experiencia real. Para él, aun con sus limitaciones, la vida se resumió en Cristo. Se enamoró, no de una meta o de una idea, sino de la persona de nuestro Señor, en Él encontró el tesoro escondido y la perla preciosa. ¿Y nosotros? ¿Tenemos una experiencia similar a la de Pedro? Todos los católicos estamos llamados a ser como Pedro, pescadores de hombres, hemos de atraer a muchos otros al seguimiento de Cristo y ayudar a perseverar en la fe a los que ya le siguen junto con nosotros.

Reflexión apostólica:
Todos los católicos estamos llamados a ser como Pedro, pescadores de hombres, hemos de atraer a muchos otros al seguimiento de Cristo. Como católicos ayudémonos unos a otros a perseverar en la fe.

Propósito:
Predicar hoy a Cristo con el ejemplo de caridad.

Diálogo con Cristo:
Jesús, concédeme tener una experiencia similar a la de Pedro. Ayúdame a creer en tu llamado, a pesar de mi indignidad. Concédeme darte un sí generoso y perseverante para convertirme en tu apóstol.

«El conocimiento de Cristo nos ha de llevar al amor, y el amor a su imitación»

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