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Disponer el interior
04/07/2026
Evangelio: Mt 9,14-17
En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces si ayunarán. Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Jesús, con cuánta frecuencia me pierdo entre los bienes de este mundo y me olvido de vivir bien centrado en ti. Reorienta mi vida hacia ti y alimenta mi amor por ti en esta meditación. Hazme capaz de dar a los demás lo que me transmitas en este momento de oración.
Petición:
Señor, concédeme amarte por encima de todas las cosas.
Meditación:
¿Qué valor tiene el ayuno para nosotros? La Sagrada Escritura nos enseña que el privarse de algo bueno y útil para el sustento es un medio, una ayuda para evitar el pecado y todo lo que nos conduce a él. Se requiere de dominio de sí, de abnegación, para mortificarse uno mismo en el alimento y esta capacidad de sacrificio fortalece nuestra voluntad, nos hace más fuertes para mantenernos firmes y fieles a Cristo ante la tentación. Sin embargo, el verdadero ayuno no es el de la comida, sino el de la libertad, el de renunciar voluntariamente a nuestra voluntad para adherirnos a la de Dios. El ayuno tiene como finalidad el someternos libremente a Dios y abrirnos a la caridad con los demás. Con el ayuno de nosotros mismos le decimos al Señor que tenemos hambre y sed de Él. Pero no basta ayunar un día y dejar que pase la vida. Es necesaria la lucha por la conversión de vida de modo continuo para corresponderle al Señor.
Reflexión apostólica:
La vida del cristiano y apóstol se resume en hacer siempre lo que Dios quiere, querer siempre lo que Dios quiere y buscar siempre lo que Dios quiere. Amar a Dios, cumplir su voluntad y ser apóstoles es la misma realidad vista desde distintos enfoques.
Diálogo con Cristo:
Jesús, la gran aspiración de mi vida es poder amarte por encima de todas las cosas. Dame valor para poder renunciar a todo lo que me aparte de ti, dame generosidad para saber ayunar siempre de mí mismo, de manera que pueda llenarme de tu amor y de tu gracia. Esto es lo único que busco, lo único que quiero Señor.
«Han recibido todo para darlo todo por Él y por las almas»