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Escuchar al Señor con agrado
05/06/2026
Evangelio: Mc 12,35-37
Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo? La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Señor, ayúdame a recordar que al final de mi vida se me preguntará por el amor: si he amado o no. Convénceme de que las otras realizaciones, las otras obras estarán en función de la gran realización del mandamiento nuevo del amor fraterno. Ayúdame a rezar y a hacer todo motivado por el amor, porque ahí está lo esencial.
Petición:
Señor, abre mis oídos para escuchar tu Palabra, abre mi corazón para aceptarla en mi corazón, abre mi voluntad para que pueda seguir tus caminos. Amén.
Meditación:
Imaginemos la escena que nos transmite el Evangelio de san Marcos: Jesús está en el Templo rodeado por muchas personas. Reina el silencio y sólo se oye la voz del Señor. Todos le escuchan con agrado. Nosotros no tenemos esa experiencia de estar sentados a los pies de Jesucristo como aquella multitud, pero siempre podemos oír su voz. ¿Cómo podemos descubrir su voz? Dios habla de muchas maneras. Lo hace por medio de nuestros padres, de los buenos amigos, de los sacerdotes. Habla mediante los acontecimientos en los que podemos descubrir la llamada de Dios. Habla a través de la creación; pero sobre todo, nos habla en la Sagrada Escritura y en la oración personal con Él. Es importante para nosotros leer la Escritura, como una Palabra de Dios que habla conmigo. Hay que ponerse a la escucha del Señor bajo la guía de la Iglesia y del Espíritu Santo. De esta manera crecerá la amistad personal con Dios que está siempre cercano y habla continuamente con nosotros.
Reflexión apostólica:
Siendo el conocimiento de Cristo la gracia más excelente y ya que el desconocimiento de la Sagrada Escritura es desconocimiento de Cristo, debemos leer con frecuencia la Palabra de Dios y formarnos en este campo, para estar en condiciones de transmitir nuestra fe.
Propósito:
Leeré cada día un pasaje de la sagrada Escritura.
Diálogo con Cristo:
Señor Jesús, no permitas que la tibieza, la desidia, la inconstancia me separen de ti. Dame sed de verdad y de conocimiento de tu Palabra, de tal manera que no escatime ningún esfuerzo con tal de prepararme para estar en condiciones de comprender y comunicar a los demás el mensaje de la Buena Nueva.
«La riqueza de nuestra fe, que la esperanza nos permite saborear, es un mensaje que rezuma la Sagrada Escritura, el Magisterio de la Iglesia y que Jesucristo resucitado nos asegura»