Evangelio del 9 de Mayo de 2026: De Dios venimos y a Él volveremos

Jn 15,18-21

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De Dios venimos y a Él volveremos
09/05/2026

Evangelio: Jn 15,18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me han odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo. Acuérdense de lo que les dije: ‘El siervo no es superior a su señor’. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración introductoria:
Señor, comienzo esta oración haciendo un acto de sincera humildad, porque sin mansedumbre no puede haber santidad ni entrega. Quiero agradarte Señor con actitud humilde y sencilla, como una verdadera creatura tuya.

Petición:
Concédeme, Señor, reconocer con sencillez mis éxitos y talentos, así como mis faltas y culpas.

Meditación:
“Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán”. Jesús nos advierte que no debemos sorprendernos de la presencia de la cruz o de la persecución. Para el cristiano la cruz no es algo opcional. Cristo sigue asociando a la redención hombres y mujeres dispuestos a tomar la cruz y a seguirle. Lo mismo que los grandes santos como Francisco de Asís, Maximiliano Kolbe, la madre Teresa de Calcuta... estamos invitados a abrazar nuestra cruz por amor, aceptando las dificultades con Jesús y por Jesús. Si vivimos así, los pequeños o grandes sufrimientos que tengamos nos harán más dignos de Cristo. Contemplemos con frecuencia el rostro de Cristo crucificado. Penetremos en el abismo de su dolor y descubramos en el madero de la cruz la prueba del amor ilimitado de Dios. Es ahí, en la cruz, donde se manifiesta de manera perfecta la compasión de Dios por cada uno de nosotros. Pidamos a Jesús, como fruto de esta oración, el unir nuestras pequeñas cruces al sacrificio redentor de Cristo. Que la Virgen María que siguió a Jesús por el camino de la cruz hasta el final, nos ayude a entregarnos con decisión al Señor.

Reflexión apostólica:
El cristiano cuando sirve ha de ser humilde, sin adoptar una posición de superioridad ante el otro. Cuando ayudamos a otros hemos de reconocer que, también de ese modo, somos ayudados. El poder ayudar no es mérito propio ni motivo de orgullo. El servir a los otros es una gracia y cuanto más nos esforcemos por ayudar a los demás, mejor comprenderemos el mensaje de Cristo.

Propósito:
Buscaré ocasiones para sacrificarme en algo y ofrecérselo a Jesucristo por aquellos que viven alejados de Él.

Diálogo con Cristo:
Señor, gracias por tu ejemplo de donación y de servicio, te pido me ayudes a imitarlo el día de hoy en todo lo que haga.

«Estás en las manos de Dios, realizando una misión que Él quiso encomendarte»

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