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La voz de Dios habla en nuestro corazón
17/07/2026
Evangelio: Mt 12,1-8
Un sábado, atravesaba Jesús por los sembrados. Los discípulos, que iban con Él, tenían hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerse los granos. Cuando los fariseos los vieron, le dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado». Él les contestó: «¿No han leído ustedes que lo hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros? ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes? ¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso comenten pecado? Pues Yo les digo que aquí hay alguien más grande que el templo. Si ustedes comprendieran el sentido de las palabras: Misericordia quiero y no sacrificios, no condenarían a quienes no tienen ninguna culpa. Por lo demás, el Hijo del hombre también es dueño del sábado». Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Señor, todo está lleno de tu sabiduría y amor. En la belleza de la creación, en la perfección de los seres, descubro la huella de tus manos. Te alabo y te bendigo por todo lo que has hecho para nosotros. Qué grande eres Señor. Gracias por tus dones. No permitas que nos quedemos en las criaturas. Que por medio de todas tus obras lleguemos a amarte más, porque Tú eres digno de ser amado sobre todas las cosas.
Petición:
No dejes Señor, que mi fe se quede entretenida en aspectos meramente externos, que no me conforme solamente con “cumplir” en apariencia. Haz que busque no tanto decir, sino ser un cristiano auténtico.
Meditación:
Si cada día pusiéramos en práctica una enseñanza del Evangelio, ¡qué diferente sería nuestra vida! El día de hoy Jesús nos da una norma de conducta muy sencilla: la humildad. Esta virtud se manifiesta en actitudes como el ser misericordiosos con los demás, perdonar los errores, nunca juzgar o hablar mal de nadie, disculpar las faltas pensando en que no conocemos las causas o las circunstancias por las cuales pasan los demás. Dios es el único que puede juzgar en lo profundo de los corazones. A nosotros nos toca rezar, dar ejemplo, quizá un consejo y seguir adelante, pero como cristianos no deberíamos permitirnos ni siquiera el pensar mal de nadie. Dios nos trata con grandeza de corazón, con bondad, con piedad… y nosotros, ¿no podemos hacer lo mismo con los demás? Contemplemos a Cristo en la cruz. ¡Él es amor, es compasión! ¿Me comporto igual que Él ante los demás? ¿Salgo al paso de las necesidades de los otros? ¿Vivo con iniciativa constante para ayudar a mi prójimo? Vivamos con generosidad, con grandeza de corazón como Jesús.
Reflexión apostólica:
A Cristo hay que darle todo el corazón y amarlo con total sinceridad de vida. Aprovechemos estos momentos de oración para ir a lo profundo de los rincones de nuestra alma y descubrir qué es lo que podemos entregar con más entereza a Cristo, en qué parte de nuestra vida todavía no dejamos entrar al Señor, en dónde debería reinar más.
Propósito:
Pensar hoy bien de todas las personas con las que me encuentre.
Diálogo con Cristo:
Jesucristo, quiero que Tú seas mi ejemplo, mi camino y la vida de mi alma. Quiero amarte con un amor real, personal, apasionado y fiel. Que la extensión de tu Reino sea el ideal que inspire, estimule, dirija y conforme mi vida. Dame la gracia de ser siempre coherente con mis convicciones.
«Guarda silencio y escucha con el oído del alma esa voz que te enseña el camino porque te ama».