Evangelio del 21 de Julio de 2026: La fe se manifiesta en las obras

Mt 12,46-50

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La fe se manifiesta en las obras
21/07/2026

Evangelio: Mt 12,46-50
En aquel tiempo, Jesús estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus parientes se acercaron y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo entonces a Jesús: «Oye, ahí fuera están tu madre y tus hermanos, y quieren hablar contigo». Pero Él respondió al que se lo decía: «Quien es mi madre y quienes son mis hermanos?». Y señalando con las manos a sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».  Palabra del Señor.  Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración introductoria:
María tú que fuiste una mujer de vibrante fe, ayúdame a hacer esta oración inmerso en Dios. Educa mi corazón en la escucha y en la generosidad, que me abra como tú a todas las luces del Espíritu Santo.

Petición:
María Santísima, tú eres la Madre del buen consejo, tú que enseñaste al corazón humano de tu Hijo las virtudes, alimenta en mí aquellas virtudes más necesarias para un cristiano.

Meditación:
Para seguir a Jesús, no basta decir que se cree en Él. No es suficiente formular propósitos día tras día y luego dejarlos olvidados o abandonarlos a medio camino. Quien vive así tiene una fe como muerta. Si la fe es verdadera, se convierte en amor, se traduce y expresa en la caridad. Una fe sin obras, sin caridad, sin fruto no es una fe genuina. La fe se ha de manifestar en una vida nueva según Dios. Las consecuencias de una fe de palabra que no se encarna en las obras son tristes y desconsoladoras. La auténtica amistad con Cristo influye en la vida y se consuma en el amor al prójimo. Tampoco podemos caer en el otro extremo de realizar obras aparentemente buenas pero que no estén motivadas por el amor a Dios o por la pureza de intención. La hipocresía, la búsqueda del propio bien o el deber por el deber no nos santifican. Imitemos el ejemplo de la Virgen María que supo siempre amar a Dios con su fe y sus obras.

Reflexión apostólica:
La Iglesia nos propone el ejemplo de María, por su autenticidad en la vivencia de la fe, por su sumisión a la voluntad de Dios, por su piedad, por su humildad, por su caridad para con el prójimo, por su gratitud, su fortaleza y su pobreza. Procuremos honrar a nuestra Madre no sólo con la oración sino con la imitación de todas sus virtudes.

Propósito:
Rezar hoy un misterio del rosario pidiendo a la Virgen la ayuda para ser siempre coherente.

Diálogo con Cristo:
Gracias Jesús, por haberme dejado a tu Madre. Gracias porque ella es mi gran compañera, es mi guía, es quien me da ejemplo. No dejes que me olvide de acudir a Ella para confortarme ante las dificultades y para alimentarme perennemente de la sublimidad de su testimonio.

«El amor a Cristo, para ser real, necesita la materia y las obras»

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