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La santidad es la vocación de todos los bautizados
26/08/2026
Evangelio: Mt 23,27-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Oh Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, dirige nuestros corazones para actuar siempre de cara a la verdad. Oh Espíritu de santidad, ven y renueva nuestros corazones. Ven Espíritu de amor y enséñanos a orar.
Petición:
Jesús, dame la gracia de buscar hoy la santidad en lo ordinario de mi vida.
Meditación:
Todos los bautizados somos llamados a la santidad. El camino de la perfección pasa por la sinceridad de vida. No hay santidad sin autenticidad. Hemos de proponernos vivir según esta norma de vida: la verdad. Para ello hay que rechazar toda malicia, todo engaño e hipocresía. Hemos de huir de los juicios temerarios sobre los demás; de la maledicencia que nos hace manifestar las faltas de los otros; de la doblez de vida, etc. Todas nuestras acciones han de estar movidas más bien por la caridad y por el respeto a la verdad. Cristo nos pide una santificación que transforme todo nuestro ser, quiere de nosotros una fe que toque en la profundidad de nuestros actos. Esta santidad se logra en la vida cotidiana de la familia y del trabajo, en las cosas sencillas de todos los días. Busquemos que cada día esté lleno de la pureza de intención. Pidamos a Dios que nos haga hombres y mujeres de la verdad, a fin de alcanzar la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.
Reflexión apostólica:
La santidad de vida es el secreto de la laboriosidad apostólica y del ímpetu misionero. Sólo si somos santos podremos transformar el mundo.
Propósito:
Actuar en todo tratando de agradar a Dios y no para ser visto por los demás.
Diálogo con Cristo:
Gracias Jesús por el don de mi bautismo, por él soy un hombre nuevo y puedo participar de tu vida divina. Te prometo esforzarme por vivir el día de hoy de acuerdo a mi llamada a la santidad.
«Una y la misma es la santidad a la que todos los bautizados están llamados, pero cada uno debe tratar de alcanzarla según los dones y la vocación que ha recibido»