Evangelio del 26 de Junio de 2026: La cumbre está en la caridad

Mt 8,1-4

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La cumbre está en la caridad
26/06/2026

Evangelio: Mt 8,1-4
En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”. Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.  Palabra del Señor.  Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración introductoria:
Señor, lo primero que brota en mi corazón al comenzar esta oración es la gratitud. Gracias por la fe, la esperanza y la caridad. Te agradezco este momento de oración. Gracias por todos los dones que me has querido regalar. Gracias por las cruces que has permitido últimamente en mi vida. Gracias por el don de tu amistad.

Petición:
Jesús, concédeme la gracia de vivir en todo y sobre todo, tu caridad.

Meditación:
A pesar de que las enfermedades forman parte de nuestra existencia, no nos habituamos a ellas, porque estamos hechos para la Vida perfecta que es Dios. De modo que cada dolor puede convertirse en un recordatorio de que este mundo no es nuestra morada definitiva y que hay una vida que nos espera junto a Dios. Pero no debemos olvidar que el verdadero mal no es el sufrimiento físico, sino la ausencia de Dios. Sólo la unión con Dios puede darnos la verdadera vida. ¿Hemos pensado que la obra de curación de Jesús se prolonga ahora en la Iglesia? Sí. Mediante los sacramentos, Cristo nos comunica su vida, Cristo nos cura, Cristo nos sana, Cristo nos asiste, Cristo nos limpia. ¡Él es el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas! ¿Tenemos algún dolor, alguna pena? Acudamos entonces a los sacramentos, ahí nos espera el Señor para curarnos. Cada cristiano está llamado también a aliviar el dolor de sus hermanos. En este mundo que se empeña en eliminar a los enfermos, ya sea por alguna discapacidad o porque tienen alguna enfermedad terminal, estamos llamados a ofrecer un testimonio de esperanza, compartiendo con los que sufren sus dolores y haciéndolos propios.

Reflexión apostólica:
El apostolado de la caridad será posible en la medida en que Cristo ocupe el lugar central en nuestro corazón. Jesucristo es el núcleo de nuestra espiritualidad y de nuestro apostolado. Del amor apasionado a Él brotará esa caridad universal que se dona totalmente, que se hace entrega hacia cada ser humano, que piensa siempre bien, que habla bien de todos y que hace el mayor bien.

Propósito:
Auxiliar a algún enfermo con mis cuidados, caridad y oración.

Diálogo con Cristo:
Señor, cuántas veces sueño con hacer grandes cosas por Ti y no soy capaz de dar la vida por mis hermanos. Dame la gracia de comenzar con la práctica de la caridad. Dame un corazón agradecido con los demás, un corazón benigno y sincero, que ame con mis palabras, obras y mi vida toda.

«Que Jesucristo te robe tu corazón y te haga apóstol de su caridad»

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