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Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote
28/05/2026
Evangelio: Lc 22,14-20
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: «Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque Yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios». Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: «Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios». Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se los dio diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes». Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
¡Señor, cuánta seguridad me dan tus palabras en el Evangelio! Nunca estoy solo. Tú estás a mi lado siempre, me ayudas, me acompañas, me sostienes. Tú eres mi paz, mi roca, mi seguridad. Has dado la vida por mí y me esperas en la casa del Padre. No dejes nunca que pierda de vista la meta a la que me llamas. Fortaléceme por medio de esta oración y lléname de tu gracia.
Petición:
Señor, condúceme por tu camino y concédeme un día gozar contigo del cielo.
Meditación:
El cristiano vive del don de la carne y la sangre de Cristo, siente la necesidad de estar con su Señor en la Eucaristía, busca momentos de oración y conversación constante con Jesús. Ahí, en el diálogo con Cristo, se aprende a vivir a la escucha de su Palabra y de su voluntad. Se enseña uno a dejarse conducir por Él. A sus pies se va aprendiendo el verdadero sentido de la vida, de la fe, de la vanidad de todas las cosas que no son Dios. Jesucristo nos ama, por eso se quedó en este admirable Sacramento. Él nos espera ahí para que le llevemos nuestros anhelos, dolores, sufrimientos, inquietudes; está ahí para ser nuestra fuerza y nuestro gran Amigo. Hoy que celebramos a Jesucristo como sumo y eterno sacerdote, es una oportunidad para rezar por nuestros pastores. Apoyémosles con nuestras oraciones y sacrificios. No les dejemos solos en su misión. Protejámosles de las tentaciones, de las críticas. Brindemos nuestra cercanía, nuestra estima de palabra y de obra. Secundemos generosamente sus consignas dentro de nuestras posibilidades. Comprometámonos responsablemente en ayudar en la parroquia. Hagamos todo el bien que podamos en nuestra comunidad cristiana. ¡Seamos fieles hijos de la Iglesia!
Reflexión apostólica:
Los cristianos estamos llamados a ser puentes entre Dios y los hombres, hemos de dar a todo trabajo y responsabilidad, de cualquier naturaleza que sea, un sentido espiritual, dinámico y apostólico, en todas las circunstancias de la vida. ¡Seamos verdadera sal de la tierra y luz del mundo!
Propósito:
Comprometerme a ayudar en la parroquia con generosidad.
Diálogo con Cristo:
Señor, te pido el día de hoy por todos los sacerdotes del mundo, de modo especial por los que están comenzando su camino sacerdotal, así como por aquellos más necesitados de fuerza y de gracia. Toma todos mis esfuerzos, sacrificios y oración por esta intención.
«En esa entrega diaria a la gloria de Dios y a la salvación de las almas encontrarás la verdadera felicidad»