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Cuando rezamos, Dios entra en nuestra vida
29/07/2026
Evangelio: Lc 10,38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llama da Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llama da María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”. El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Señor, el pasaje evangélico de hoy me enseña que la oración es mi primer deber como hijo tuyo y como cristiano. Me recuerdas que rezar es una necesidad vital pues si no estoy cerca de ti por la oración es fácil caer en pecado. Ayúdame a hacer esta meditación con la convicción del valor de la oración.
Petición:
Espíritu Santo, te pido que conformes más mi vida con Cristo Jesús, por medio de esta meditación.
Meditación:
Todos tenemos una particular vocación a la oración, estamos llamados a permanecer a los pies de Cristo, como María. Nuestra vida depende totalmente de este escuchar a Jesús. Todas las formas de oración nos permiten conocerlo y amarlo más: la adoración eucarística, la meditación, el santo rosario, el vía crucis, etc. El cristiano que reza mucho y reza bien va creciendo en el amor y cada vez vive más unido a Cristo. Nuestro primer deber es, por tanto, mantener viva la oración en nuestra vida. La oración se convierte en luz interior y en una verdadera fuente de renovación personal. Si los cristianos rezáramos más, seríamos una fuerza más influyente en el mundo. Llenemos nuestro día de momentos de diálogo con el Señor en los que la mente y el corazón se dediquen totalmente a Dios. Recordemos que la auténtica oración forma la conciencia, modela los criterios y convicciones, ayuda a juzgar la vida con la verdad del Evangelio y a tratar a los demás con creciente caridad. ¿Podemos decir que estos son los frutos de nuestra oración?
Reflexión Apostólica:
La vida del cristiano debe estar salpicada de momentos de oración, de diálogo con Dios Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Aprovechemos nuestros compromisos espirituales para estar cerca del Dios que nos ama. ¡La vida del apóstol comienza en la oración!
Propósito:
A lo largo de mi jornada elevaré mi corazón a Dios Padre para hacer alguna oración y destinaré los últimos minutos del día a hablar con Él.
Diálogo con Cristo:
Jesús, los santos nos enseñan que la oración hace posible lo que es imposible y fácil lo que es difícil, dice san Juan Crisóstomo que es imposible que el hombre que ora pueda pecar y dirá san Alfonso María de Ligorio que quien ora se salva ciertamente. No me dejes posponer nunca mi oración y dame la gracia para que, pase lo que pase, dedique cada día un tiempo a la oración.
«La voluntad de Dios la descubrirás en la oración de contemplación, de súplica y de diálogo íntimo y cálido con Dios nuestro Señor»