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Servidores de Cristo y de los demás
31/10/2026
Evangelio: Lc 14,1.7-11
Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola: “Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria:
Señor Jesús, Tú eres la Puerta que nos lleva al cielo y para entrar nos debemos inclinar, hacernos pequeños, humildes, sencillos y vivir las Bienaventuranzas. Ayúdame a tener un espíritu de pobreza, de mansedumbre y de paz. Ayúdame a vivir en una profunda humildad, porque Tú eres mi Dios y mi Señor.
Petición:
Jesús, manso y humilde, haz mi corazón semejante al tuyo.
Meditación:
Jesucristo nos da ejemplo de humildad. Él se despojó de su gloria divina por amor a nosotros y se rebajó hasta morir crucificado. El Evangelio de hoy nos llama a imitar esta virtud tan querida del Señor, que fue manso y humilde de corazón. La tendencia en todos nosotros es más bien contraria, buscamos lucirnos y ocupar el primer lugar. Sin embargo, cuando uno ve solamente la propia grandeza, resulta que esa grandeza se pierde porque el orgullo nos hace esclavos de nuestro egoísmo. La característica esencial de un seguidor de Cristo es la humildad. Frente a Dios estamos en una condición de necesidad y pobreza. Siempre necesitamos ser perdonados. Hace falta humildad para acoger el don de la salvación que Cristo nos trajo. Empeñémonos en cultivar la humildad. Aunque hayamos hecho cosas grandes, seamos sencillos. Demos a los demás el primer lugar. Agradezcamos los favores y atenciones que recibimos por parte de los demás porque la humildad se manifiesta en la bondad de trato que tengamos con los otros. La humildad es la base de la santidad.
Reflexión apostólica:
La humildad es una de las virtudes más recomendadas como católicos. Nos es muy necesario crecer en esta virtud. Aunque hayamos hecho cosas grandes, seamos sencillos. Agradezcamos los favores y atenciones que recibimos por parte de los otros. Recordemos que la humildad es la base de la santidad.
Propósito:
Tratar a todos con respeto y bondad.
Diálogo con Cristo:
Señor, quiero que Tú crezcas siempre en mí y yo disminuya. Dame la gracia de ser humilde en actitudes y en acciones concretas recordando que el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.
«Es Dios quien te ha elegido, quien te ha creado, quien te ha adornado de cualidades, para que puedas servir con eficiencia a la misión que ha depositado en tus manos»